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miércoles, 4 de junio de 2014

Señoritas

Mujeres, somos juzgadas por nacer, por crecer, por romper, por seguir. Por defendernos, por ser agredidas, por abortar, por dar vida, por reír a carcajadas, por soñar, por corromper lo sano.
Nos sitúan en una delgada linea de la moral, tan delgada y endeble como una cuerda floja, que debes recorrer con los ojos vendados, y si tambaleas mueres azotada sobre el suelo duro de críticas sociales.

Ser señorita. Sentarte de piernas cruzadas, ser coqueta, no tirar el poto a la "chuña", valorar la virginidad, desear ser madre y amar a cada niño que pase por tu vista. Amar los colores rosas, no decir garabatos, no embriagarte, no enamorarte mil veces si quieres, no pagar por sexo y no cobrar por él. Tenemos que ser señoritas. 
Si no eres señorita, te quedas sola. Pasas a ser parte de las "muchachas para el rato". Te recriminan, te haces infeliz, porque te caes de la cuerda floja, te sales de la delgada linea de la moral, pero de la moral patriarcal, que sólo quiere dominarnos. 

¿Cuántas veces, cuánto tiempo gastamos en pensar este concepto de "señorita"? ¿Cuánta energía gastamos intentamos ser estas damiselas infelices y falsas que nos obligan a ser para ser aceptadas? 
Yo prefiero suicidarme socialmente. 
Morir socialmente para mi es sinónimo de libertad social. Soy feliz siendo una muerta social. 
Desnudarte ante la sociedad para no cargar con ese pesado y fuerte corsé llamado "señorita" es revolucionar y violentar una sociedad. Ser feminista es violentar a esta sociedad, porque dejas de ser lo que te piden ser, porque te bajas de la cuerda floja y caminas sin ni una linea social que interrumpa el camino que tu quieres tomar. 
Tiramos el poto a la chuña, porque nadie nos ata, porque somos transparentes, porque no queremos cambiar, sino que queremos ser aceptadas, tal y como somos, y aun así, respetamos nuestro cuerpo, porque sólo nosotras decidimos quien lo toca, porque nosotras decidimos qué métodos usar para cuidarlo. Nos dicen infieles y que por eso no nos respetamos, pero cuando ellos son infieles se les levanta un monumento de moral para fortalecer su ego, mientras a nosotras nos incendian con su palabras de desapruebo. Pero, ¿qué importa realmente? nos llaman putas, zorras, regaladas, golfas. Somos humanas, pero sin la hipocresía de ser alguien que no somos. No somos señoritas, no queremos ser señoritas. 

viernes, 31 de enero de 2014

Cuento de la Mujer

Existía en una tierra lejana y muy prehistórica muchos "conceptos", palabras sueltas con un significado que no pueden entenderse sin otra al lado. Deambulaban, corrían, conocían más conceptos para no sentirse solos o sin significado...
Un día, un concepto llamado Patriarcado conoció a una concepto llamada Mujer. Patriarcado, era grande, con una gran sonrisa que al momento de hablarte te hacía sentir a gusto con lo que eras; te mostraba las cosas sencillas, y cada vez que veía un defecto o debilidad en ti, hacía que por medio de dulces palabras y un tono de voz tan tierno lograras creer que en realidad, no era tu deber hacerlo, que tu vida debía ser como el de una reina dentro de un castillo, sin mayores preocupaciones que las de "supervisar" su reinado mientras él se encargaba de todo.
Foto tomada en EXPOMUJER 2010. Autora desconocida.
Por otro lado, Mujer era trabajadora, era muy amiga de División del Trabajo, por lo cual no era de las que sentía vergüenza por su labor y su cargo desempañada en la tribu de conceptos. Tenía la belleza típica de su grupo de conceptos, le gustaba reírse fuerte y, como no tenía preocupaciones, salía donde quería y hacía lo que quería.
Un día, Mujer y División del Trabajo conversaban a la orilla de un río. División del Trabajo le contaba que la hermana de Mujer, Femenino, había escuchado un rumor sobre un concepto que haría estragos, que derrumbaría su tribu y que lo seduciría tanto que todo lo que conocían hasta ahora cambiaría.
-¿Quién ese concepto? Nadie tiene el poder de hacer eso - dijo Mujer muy extrañada del rumor y de ese concepto.
-Se llama Moral... Dicen que seduce a todos, que es amiga de todos, que una vez que se hace tu amiga, ella cambia tu personalidad. !DICEN QUE TE ROBA LA ESENCIA!- Decía División del Trabajo con un dejo de susto en su voz- Además, dicen que tiene un hijo que es aun peor... le dicen Machismo y que una vez conoció a alguien llamado Mujer, y que la maltrató y la encerró en su cueva y jamás se volvió a saber de ella... Tú deberías ser la más asustada con este rumor, más que mal la victima tenia tu nombre...
Mujer caminó pensativa.

Patriarcado, después de un tiempo de salir con Mujer le pidió matrimonio. Se casaron y se fueron a vivir junto a su propia cueva. Sin embargo, ella se dio cuenta que muchas cosas habían cambiado. Le contó cosas y le dijo que había cosas que se veían muy mal en ella, que era mejor no hacer. Le habló mal de su hermana, Femenino, le dijo que era mala y que en realidad, la aborrecía y que si ella seguía aceptándola en la casa, él se iría para siempre y la dejaría en la calle porque nadie querría a alguien como ella. En un abrir y cerrar de ojo, Mujer, se dejó influenciar...
Un día, Patriarcado le dijo a su esposa que preparara la casa y la pusiera linda, que llegaría su madre y su hermano para conocerla y que debía dar una buena impresión "y a fin de cuentas, asear la casa no es la gran cosa, si pudieras trabajar me entenderías".
Mujer aseó la casa, cocinó y adornó. Estaba exhausta, pero aun así había comenzado a desvalorar su trabajo y pensaba "no importa, de todos modos no es tanto, es solo el aseo del hogar".
Cuando tocaron la puerta, Mujer casi murió de la impresión. Ahí estaban, parados frente a su puerta y con una sonrisa maliciosa en su cara. El rumor que División del Trabajo le había contado estaba ahí frente a su puerta: Moral, la madre de Patriarcado y Machismo, su hermano.
Lamentablemente, ellos no sólo se quedaron a cenar, sino que también a vivir. Tal y como había dicho su amigo, Mujer había cambiado, la dejaron prisionera en la cocina como una simple esclava, pero esclava de su libertad mental, desistió de sus pensamientos de libertad, de su autonomía y no se entendía sin Patriarcado al lado... incluso, sin su hermano Machismo.
Machismo, abusaba de ella, la violaba sexualmente y cuando acababa le decía que era una prostituta, que por su culpa él actuaba así, que ella lo provocaba. Mujer lloraba y dentro de si pensaba que era verdad, que por su culpa y su forma de vestir provocaba a Machismo para que la usara a su voluntad.
Un día, dentro de su prisión escuchó voces a través de la muralla de losa, justo donde se encontraba la asadera. Rompió y generó un pequeño agujero por donde mirar. Una vez que se acabaron las voces, llamó a la chica agredida... se dio cuenta que era su hermana, se había casado con Machismo.
Ambas se dieron cuenta que esto no podía seguir así, a lo que a la noche acordaron romper la prisión a la que estaban sujetas y salir a la calle. Habían contactado con un nuevo concepto llegado a la tribu, se llamaba Feminismo. Cómo Moral, Machismo y Patriarcado habían conquistado la tribu, ya habían creado una atmósfera incomoda ante Feminismo, y la apodaban como "hembrista", "Putera" entre otras.. pero ella jamás bajó las manos y seguía firme en su postura y alejada de aquellos que habían transformado millones de tribus en comunidades jerárquicas con muchas esferas de poder.
Mujer, Femenino y Feminismo decidieron revelarse. Femenino lo logró, se zafó de las garras de su esposo Machista e hizo que su nombre lo tomaran muchos conceptos más que se sentían atacados ante la presencia de Moral, Patriarcado y principalmente Machismo. Feminismo, siempre permaneció igual, libre e insumisa ante la presencia de estos extranjeros que llegaron a conquistarlos.
Sin embargo, Mujer sólo lo intentó. Se casó con el concepto más complejo de todos, con uno que logró entrar en la cultura de su tribu, pero además, la consumió y la cambió a ella. División del Trabajo intentaba ayudarla, pero no lo logró, Femenino ya era una extraña para ella y Feminismo era incluso un concepto al cual jamás hubiese deseado conocer. Cada vez que ella intentaba revelarse, Patriarcado la golpeaba y suplicaba por su vida.
Un día, Patriarcado llegó a la casa con Machismo... miraron con repulsión a Mujer y comenzaron a susurrar cosas, parecía que planeaban algo, pero ella no podía hacer nada, seguía encerrada en la cocina, en esa prisión de loza y cerámica, radiante como un espejo y que en realidad, simbolizaba la represión que estaba viviendo.
De un momento a otro, tocan la puerta. Mujer se acercó a los barrotes que la encerraban y miró... era un hombre, gigante con cara despiadada, le decían Femicidio. Miraba con desprecio a Mujer, le escupía y gozaba con su cara de susto. Patriarcado y Machismo abrieron la celda, la sacaron, bajaron sus pantis y violaron y golpearon hasta que Femicidio grito con una fuerte voz "PAAAAAREEEEN!!! ella es mía" y esbozó una leve sonrisa maquiavelica en su rostro.
Ahí, sola y adolorida, murió Mujer.

A pesar de la muerte de Mujer, Femenino y Feminismo ya habían esparcido el germen de la dignidad todos los conceptos, División del Trabajo hizo lo suyo tratando de eliminar a Moral de todos los aspectos de su trabajo. Además, se sumó Género a la tribu, lo cual contribuyó a que la sociedad dejara de ser tan injusta como era. Finalmente, Feminismo exilió a Patriarcado y Machismo de la tribu, y todos fueron felices para siempre.







domingo, 16 de junio de 2013

Las tres revoluciones de una Mujer

Muchas veces, las criticas que se les hace a las feministas va enfocada a qué sus demandas se sumen a otros movimientos como partidos políticos legales o organizaciones sociales como colectivos anarquistas, rojos, ecologistas o cuanta cosa se les ocurra.
Cuando pasa esto, yo, Jerónima pienso: "se nota que estos imbéciles no tienen idea de la historia de la mujer, ni de lo qué es feminismo, ni del por qué nos separamos de esos movimientos que intentan integrar nuestras demandas" y los miro con una cara que se asemeja a esto "¬¬". 
Las primeras mujeres que se revelaron al sistema machista y participaron de la vida pública se sumaron a partidos políticos y organizaciones sociales y nos reducieron al trabajo doméstico dentro de la política: servíamos café, ordenábamos las sillas para las reuniones de los políticos dirigentes y organizar el papel donde se escribían los puntos claves era el trabajo más revolucionario e importante que hacíamos como mujeres involucradas en la política. Vivíamos -o sea, vivimos- en un mundo patriarcal, que seguía plegándonos a los aspectos sencillos de las tareas domésticas, y se nos seguía negando la opinión política y ni pensar de ser dirigentes o representantes. 
Lo más gracioso, es que hasta el día de hoy esta situación sigue repitiéndose constantemente y son contadas con la mano aquellas organizaciones y partidos que miran a sus mujeres como un igual y las colocan a la cabeza del movimiento que plantean... el resto, las sigue manteniendo en el anonimato y ellas, aun no reaccionan.¿Por qué no reaccionan? Precisamente porque el patriarcado y el machismo han hecho lo suyo con la mujer, su revolución es muy diferente a la revolución que hace el hombre, porque él siempre ha participado y liderado revoluciones de toda índole. Para nosotras, todo esto es nuevo. 

La mujer tiene que pasar tres revoluciones para ser una mujer revolucionaria de verdad y poder cooperar en alguna de manera óptima, de manera presente y de manera consiente de que ella es un actor político importante e integral al mismo nivel que cualquier persona que haya dirigido aquel movimiento en el cual participa. 

Primera Revolución: La revolución de la cabeza
Una mujer para poder comenzar a tener acción política y una vida política necesita romper las cadenas que la atan, necesita dejar de pensar que ella es inútil para la política, que la política sólo es tarea de hombres, que nadie la va a tomar en cuenta, que su opinión tiene menos peso que una pluma. 
Cuando una mujer logra romper eso, logra verse de manera diferente al espejo. Ve una mujer capaz de cualquier cosa, se sabe importante, se ve hermosa y libre, pero por sobre todo CAPAZ DE TODO. Las primeras mujeres que estudiaron y que se arriesgaron al juicio social porque lograron alcanzar esta revolución. Destruyeron los parámetros patriarcales. Ejemplo de esto es la señora Elena Caffarena, primera abogada de Chile. 
Una vez que la mujer logre tener noción de las cosas y de sus grandes capacidades para con la sociedad y la vida pública y, por supuesto, la puesta en escena de sus capacidades, la revolución de la cabeza ha salido con éxito. 

Segunda Revolución: La revolución del cuerpo
Cuando la mujer logra tener una mejor visión sobre lo que es capaz, y por lo tanto logra ver lo que es de ella y lo que no. Una de las cosas que le pertenece son las decisiones que quiere para su vida, y de cómo llevar a cabo dichas metas. 
Por lo mismo, la maternidad y la sexualidad es parte de esas decisiones. Una mujer que logra emancipar su cuerpo decide cuando quiere o no ser madre y si quiere o no tener relaciones sexuales con quién quiera y cuando quiera. Una mujer que ha emancipado su cuerpo se desata de las cadenas patriarcales que le niegan a la mujer el derecho al placer, y de que ésta sólo sirve para encubar hijos. 
Una mujer es cien por ciento libre de tener relaciones cuando lo desee sin que la estén obligando, es libre de tener relaciones con quien desee mientras cuide su cuerpo, porque una mujer que decide emancipar su cuerpo lo cuida como un tesoro, porque gracias a él puede llevar a cabo cualquier revolución. 
Una mujer que no desee ser madre, no es menos mujer ni más mujer, simplemente es una mujer y si llega a quedar embarazada sin desearlo, tiene toda la responsabilidad de tomar una decisión autónoma sobre el tema y el aborto, por supuesto que entra en esta categoría. A la mujer se le pasa toda la responsabilidad cuando se trata de un bebé, por lo mismo, debemos entregarle toda la responsabilidad sobre la decisión sobre si quiere o no, tenerlo. 
Una mujer que logra revolucionar su cuerpo, entregarle placer y cuidarlo, es una mujer que lo ha emancipado, porque el patriarcado niega estos derechos a las mujeres y les entrega esas responsabilidades al hombre cómo si sólo él pudiera hacerse responsable de nuestro placer o de cuidar nuestro cuerpo, cosa que no es así.

Tercera Revolución: La revolución Social
Cuando una mujer ya es totalmente autónoma, cuando ha logrado llevar a cabo estas dos difíciles revoluciones siendo mujer, está lista para empezar la ardua batalla en la sociedad, sumándose a todos los organismos socio-políticos, trabajos, partidos políticos, etc. sin tener que ser desplazada hacia las últimas filas por el simple hecho de ser mujer o de sentirse menos que nadie.

Con estas tres revoluciones, la mujer puede optar por un millón de caminos, la vida se hace más amable porque es la vida que tu vas eligiendo. Claramente al principio no es color de rosa, porque la emancipación de una mujer duele, a los que rodean a la mujer que está en este proceso revolucionario y a ella misma que siente las críticas de la sociedad y de quienes la rodean. A fin de cuentas nadie dijo que esto sería fácil.
La revolución de la mujer no se hace con sangre, se hace con lágrimas porque sentimos de manera más dura el rechazo social por salirnos de la linea que nos impone el patriarcado.